Una experiencia que deja huella
La Colonia de Vacaciones 2026 de la Municipalidad de La Quiaca sumó una de esas vivencias que quedan grabadas en la memoria: la noche de campamento y retirada con chicos de 11 y 12 años. La propuesta, pensada desde la educación recreativa, tuvo como eje fortalecer la autonomía, la convivencia y el espíritu de equipo, combinando juego, responsabilidad y disfrute en un entorno cuidado.

De la ciudad al campamento
La actividad comenzó ayer a las 18:30, con punto de encuentro en el DIAT. Desde allí, el grupo inició una caminata organizada por arterias principales de la ciudad, ofreciendo una postal distinta: mochilas al hombro, carpas en mano y expectativa en el aire. El recorrido circular incluyó el paso por la Intendencia, marcando simbólicamente que no se trataba de una salida más, sino de un verdadero paso hacia la aventura, con la ciudad como escenario y el compañerismo como guía.


Juegos, desafíos y trabajo en equipo
Ya en las instalaciones del CEAR, la jornada se transformó en una secuencia de actividades recreativas: juegos en la pileta, fútbol, dinámicas grupales y una destacada búsqueda del tesoro, donde cada pista exigía observar, pensar y colaborar. En este marco, el juego se convirtió en método de aprendizaje: se aprende jugando, conviviendo y resolviendo desafíos en conjunto.


El armado de carpas: la verdadera escuela
Uno de los momentos más esperados fue el armado de carpas, instancia clave para el aprendizaje colectivo. Repartir roles, seguir instrucciones, pedir ayuda y ofrecerla espontáneamente formaron parte de una experiencia que puso en práctica valores fundamentales. La lógica del campamento fue clara y contundente: nadie se salva solo. Cada varilla y cada nudo se transformaron en ejercicios concretos de organización, paciencia y respeto mutuo.


La noche y el primer dormir fuera de casa
Con la llegada de la noche, continuaron los juegos nocturnos y las rutinas de cuidado: hidratarse, abrigarse, ordenar el espacio y prepararse para descansar. Para muchos chicos y chicas fue la primera vez durmiendo fuera de casa, un pequeño gran salto personal. En ese cierre silencioso, cuando las linternas se apagan y el grupo baja revoluciones, apareció otro aprendizaje clave: confiar, adaptarse y descansar en un entorno distinto, pero seguro.

Balance positivo y valor social
Por la mañana, la actividad concluyó con la retirada, el orden del material y un cierre grupal. La profesora Anita Méndez, junto a Elío Chazarreta y Marcelo Aperte, destacaron el valor integral de la propuesta: una experiencia que no solo entretiene, sino que construye hábitos, refuerza vínculos y deja herramientas para la vida cotidiana.
En La Quiaca, la colonia de vacaciones no es solo recreación: es una inversión social, y este campamento lo confirmó con más autonomía, más convivencia y una ciudad vivida con alegría y respeto.
























