La nostalgia viva de las adoraciones al Niñito Jesús

Hay recuerdos que no se apagan con el paso del tiempo, sino que se vuelven más profundos, más sentidos. Las adoraciones al Niñito Jesús forman parte de esa memoria afectiva que marcó a generaciones enteras de quiaqueños. Entre ellas, una de las más entrañables es la que muchos vivimos en nuestra infancia, en Justo Juez. ¿Te acordás?

Allí, en el hogar de la familia Cruz, el pesebre no era solo un armado navideño: era un punto de encuentro, de fe, de canto y de comunidad. Doña Eustaquia Cruz, hoy con 70 años, revive esos momentos con una mezcla de orgullo y nostalgia. Cuenta que desde sus 14 años ayudaba a sus padres a preparar el pesebre, una tarea que con el tiempo se transformó en una verdadera misión de vida. Durante 56 años sostuvo esta tradición, organizando adoraciones en su propio domicilio, donde supo ser reconocida con primeros premios por el armado del pesebre y la devoción puesta en cada detalle.

Hoy, esa posta la continúa junto a su sobrina, pero la memoria sigue intacta. Doña Eustaquia recuerda con emoción aquellos cantos antiguos, trenzados que ya no se usan y objetos que hoy descansan guardados, pero cargados de historia. “Era del Niño… cantábamos así cuando vivían mi papá, mi mamá, mi hermana… ya se fueron”, dice con la voz entrecortada, mientras calcula que esas imágenes y recuerdos tienen más de cinco décadas de antigüedad.

Entre sus tesoros conserva pastorcitos y figuras antiguas, piezas simples pero profundamente significativas, testigos silenciosos de más de medio siglo de fe popular. Una confusión la llevó recientemente a acercarse a la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Quiaca, donde dio a conocer el enorme trabajo que realiza año tras año, casi en silencio, como lo hacen quienes aman verdaderamente una tradición.

Desde el área de Cultura quedó una promesa que renueva la esperanza: este año, el pesebre de Doña Eustaquia será acompañado por la banda de música, en un gesto de reconocimiento y gratitud. Además, recibió un presente, pequeño en lo material, pero inmenso en lo simbólico.

Porque mientras haya personas como Doña Eustaquia Cruz, las adoraciones al Niñito Jesús no serán solo un recuerdo del pasado, sino una tradición viva que sigue latiendo en el corazón de La Quiaca.

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