En la víspera de una nueva edición de la histórica Manka Fiesta, el predio ferial de La Quiaca comenzó a recibir a productores, artesanos y emprendedores locales e internacionales que arriban para afianzar sus puestos, intercambiar saberes y dinamizar la economía regional. A través de recorridos e interacciones en el lugar, los protagonistas compartieron las expectativas de esta festividad ancestral que trasciende las fronteras entre Argentina y Bolivia, manteniendo vivos saberes transmitidos por generaciones e impulsando la tradicional práctica del trueque en un espacio de profundo valor cultural.

La diversidad de productos agrícolas es uno de los sellos distintivos de esta celebración ferial. Productores provenientes de parajes cercanos como Yavi Chico, La Quiaca Vieja y Yavi expusieron alimentos autóctonos entre los que se destacan papas criollas, habas, ajo, maíz, chuño, cebada y frutas de estación. Entre las elaboraciones ancestrales más valoradas, los vecinos compartieron el consumo de la harina cocida mediante preparaciones tradicionales, alimentos naturales de elevado valor nutricional e identidad puneña.
La dimensión transfronteriza de la feria se refleja en los emotivos testimonios de artesanos y familias que viajan desde distintos puntos del Estado Plurinacional de Bolivia, como Sucre y Río Grande. Con trayectorias familiares que superan los 30 años de asistencia ininterrumpida a la ciudad, emprendedores de la madera, la cestería en caña y la cerámica en barro destacan que la Manka Fiesta representa un valioso legado recibido de sus padres, el cual continúan cultivando con esmero y orgullo año tras año.
Frente a las dinámicas de organización del predio, los feriantes coincidieron en la importancia de preservar las costumbres compartidas entre ambos pueblos hermanos, renovar la oferta con diseños propios y fortalecer el espíritu de unidad comunitaria. Gracias al esfuerzo coordinado y al acompañamiento de las familias que se acercan a comercializar e intercambiar sus productos, La Quiaca se consolida una vez más como el epicentro del encuentro ancestral, la economía popular y la riqueza cultural del norte argentino.



























