En tiempos donde los gestos más devastadores pueden suceder con un clic, la ciudad de La Quiaca vivió una jornada histórica y necesaria. En el marco de la implementación federal de la Ley Olimpia, un equipo interdisciplinario de la Oficina de la Mujer del Poder Judicial, acompañado por el área de Desarrollo Social del Municipio de La Quiaca, encabezado por Silvano Velazquez, llevó adelante un taller sobre violencia digital en el CIP, con una contundente consigna: nombrar lo que duele es el primer paso para erradicarlo.

Estuvieron presentes Érica Montenegro (licenciada en Trabajo Social), Eugenia Auvieux (licenciada en Psicología), y Camila Facetti en representación del Gobierno provincial, quienes, junto a referentes locales, generaron un espacio transformador en el que la comunidad, y sobre todo los jóvenes, pudieron conocer las nuevas formas de violencia que surgen en entornos digitales y, lo más importante, cómo defenderse de ellas.

“Todos estamos interpelados por el mundo digital. Todos somos parte. Pero también todos debemos aprender a identificar el daño, el hostigamiento, la persecución. La violencia digital no es ficción: es real y tiene consecuencias”, señaló Montenegro, con la firmeza de quien conoce lo que sucede cuando la justicia llega tarde.

La Ley Olimpia, sancionada en noviembre de 2023, fue presentada como una herramienta concreta para que la víctima ya no se sienta sola frente al escarnio público, al sticker burlón, al acoso constante por WhatsApp, o a las fotos íntimas viralizadas sin consentimiento. Esta ley transforma ese universo “libre y sin reglas” de las redes en un espacio donde los derechos también cuentan.

“Decir ‘puedo publicar lo que quiera porque tengo libertad de expresión’ no es válido si en el proceso destruís la dignidad de otra persona”, explicaron las profesionales. La educación digital, la empatía y el conocimiento del marco legal son los ejes que ahora comienzan a instalarse, con fuerza, en comunidades como La Quiaca, muchas veces lejanas de los centros de decisión, pero no por eso menos expuestas a la crudeza del mundo virtual.

Los ejemplos abordados durante el taller fueron estremecedores por su cotidianidad: stickers humillantes de compañeros de escuela, publicaciones que escrachan infidelidades, amenazas y persecuciones por celular tras una separación, mensajes insistentes que se convierten en acoso. Todo eso, hoy, es considerado violencia digital, y puede denunciarse.

“La gente debe saber que tiene herramientas. Que puede ir a la policía, que puede acudir al Consejo Provincial de la Mujer, que puede pedir el retiro inmediato de contenidos dañinos”, explicó Montenegro. La ley permite que un juez de violencia de género actúe rápidamente, exigiendo a plataformas como Facebook o Instagram el retiro de publicaciones ofensivas. No se trata solo de justicia, se trata de reparar el daño antes de que la herida se haga irreversible.

Silvano Velazquez, responsable del área de Desarrollo Social, subrayó la importancia de formar y educar a los jóvenes, tanto en las escuelas como en los hogares, “Hoy aprendimos que hasta una broma mal entendida puede ser un acto de violencia. Hay que saber usar el teléfono, hay que enseñar que la libertad digital también tiene límites éticos y legales”.

El municipio no sólo brindó el espacio, sino que involucró activamente a todas sus áreas, y se comprometió a dar continuidad a estas capacitaciones. “Esto no se corta acá. Es un proceso diario de construcción y concientización. Y los medios de comunicación también tienen un rol clave: deben aprender, formarse y tener responsabilidad a la hora de informar”, agregó Velázquez, apelando a un compromiso colectivo.

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