En la previa del 119° aniversario, el intendente Dante Velazquez trazó una hoja de ruta con anclaje histórico y proyección global: La Quiaca como puerto seco, corazón del corredor bioceánico y nodo de una zona franca minorista estilo ZOFRI. Identidad, cultura y decisión local como ejes de un nuevo ciclo.

A horas de celebrar 119 años de vida institucional, La Quiaca volvió a mirarse en el espejo de su historia para proyectarse al futuro. En un mensaje cargado de identidad y visión estratégica, el intendente Dante Velazquez afirmó que la ciudad no es solo una frontera: es un puerto seco histórico que hoy se reconfigura como hub logístico, comercial e industrial del norte argentino.

“La Quiaca tiene 119 años desde su fundación legal, pero es muy anterior a eso”, sostuvo el jefe comunal. Recordó la antigua posta de 1870 y el rol clave en los intercambios precoloniales, vinculados a la Manka Fiesta, considerada una de las celebraciones ancestrales más antiguas de Sudamérica. “Aquí se cambiaban animales, personas, mercancías; aquí pasaba todo lo que iba hacia Potosí y la Casa de la Moneda”, señaló, reivindicando a La Quiaca como punto neurálgico del comercio regional desde tiempos remotos.

De la posta al puerto seco

Velazquez fue categórico: “Esto fue un puerto, es un puerto y seguirá siendo un puerto seco”. La definición no es simbólica; es estratégica. En su visión, La Quiaca es el corazón del corredor transversal bioceánico, articulando Argentina y Bolivia, y conectando rutas históricas como la 9 y la 40.

El intendente destacó la consolidación de la Zona Franca minorista, con licitación nacional e internacional en marcha, que permitirá operar con beneficios impositivos y perfil comercial de alcance regional, en un esquema similar a la ZOFRI chilena. “Será cero impuestos para consolidar un crecimiento sostenido no solo para La Quiaca, sino para toda la Puna y el sur de Bolivia”, afirmó.

Pero marcó un punto central: la prioridad será del quiaqueño. “Seremos nosotros quienes decidiremos perfiles, apertura y protagonismo. Nadie debe aprovecharse de generaciones que lucharon por esto”, expresó, subrayando que la planificación debe respetar identidad y tejido local.

Cultura, identidad y unidad

La visión económica no se despega del legado cultural. Velazquez insistió en que la Manka Fiesta es la matriz histórica de ese intercambio que hoy se actualiza en clave logística y comercial. “La Manka Fiesta será patrimonio de la humanidad”, adelantó, convencido de que cultura y desarrollo no son dimensiones separadas.

En su mensaje, también llamó a la unidad: “Dejemos apetencias personales y cuestiones políticas de lado. Que el único nombre vinculador sea La Quiaca”. Recordó el rol de inmigrantes sirio-libaneses, españoles, bolivianos y brasileños que forjaron la ciudad, y reivindicó la tradición ferroviaria como primer transporte internacional argentino.

Las personas agasajados son: Benavidez Agueda, Faustina Cazón, Luis Quispe, Martín Gaspar, María Quiroga, Fermín Cruz, Pedro Montemayor, Héctor Cabrera, Fermín González, Damián Hoyos, Natividad Cruz, Miguel Cheadi, Ernesto Severich, Juan Carlos Arias, Jacinto Nasrala, Vicente Tejerina, Abel Sivila, Ulpiano Cabrera, Gregorio Flores, Familia Alabí y Mauricio Cuestas

Una oportunidad para la provincia

El intendente fue más allá del límite municipal: la consolidación del puerto seco y la zona franca representa, a su entender, una oportunidad estratégica para Jujuy. Industrialización liviana, logística, comercio minorista regional y servicios podrían abrir un nuevo camino productivo para la provincia.

“Confíen, esta es la bendita tierra de oportunidades”, expresó, reconociendo que muchas obras –incluida la de más de 2.000 m² próxima a inaugurarse– se realizaron con aportes locales, ante la escasa asistencia de otros niveles del Estado.

Viva La Quiaca

En la antesala del 119°, La Quiaca no se presenta como periferia sino como epicentro. Historia heroica, identidad viva y visión de futuro confluyen en un proyecto que busca reposicionar a la ciudad como nodo comercial y cultural del norte continental.

“Más empatía, más respeto, más solidaridad y más humildad. Que nos encuentre más unidos”, pidió Velázquez antes de cerrar con una consigna que resume pasado y porvenir:

Viva La Quiaca.

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