En una jornada marcada por la emoción, el color y el intercambio cultural, la ciudad fronteriza de La Quiaca vivió noches inolvidables de danza y tradición. Delegaciones de Colombia,Perú, Brasil, México y Paraguay llegaron hasta el extremo norte argentino para inaugurar un nuevo complejo cultural, demostrando que el arte es el lenguaje universal que logra romper cualquier frontera.

Colombia: Ritmo, color y el desafío de la altura

El Ballet Tierra Colombiana de Bogotá, bajo la dirección del maestro Fernando Urbina, fue uno de los grandes protagonistas. Con una trayectoria de 48 giras mundiales, la delegación trajo consigo la versatilidad del folclore cafetero, desde los ritmos andinos hasta la fuerza de los bailes de la costa.

Urbina destacó la calidez de los Quiaqueños, aunque confesó que la Puna presentó sus desafíos. A pesar de venir de Bogotá (2.600 msnm), los más de 3.400 metros de La Quiaca exigieron un esfuerzo extra a los bailarines:

«Nuestros bailes son muy fuertes, sobre todo los de la costa. Ya asimilamos la altura y el público nos recibió con unos aplausos lindos; pocas veces llegan espectáculos así aquí», señaló el director.

Además de la danza, Urbina resaltó el gesto del intendente local, quien se acercó a compartir un almuerzo con los artistas: «Es un honor inaugurar este anfiteatro. Un pueblo sin cultura no existe; el folclore es nuestra verdadera identidad».

Perú: Tradición y lazos compartidos

Desde el vecino país de Perú, la bailarina Ariane y su delegación expresaron su asombro por la tranquilidad y el clima de la ciudad, comparándolo con la región de Puno. Los artistas peruanos aprovecharon su estancia no solo para brillar en el escenario con danzas poco conocidas pero ensayadas con rigurosidad, sino también para estrechar lazos comerciales y turísticos.

«Nos llevamos el trato agradable de la gente y recuerdos para la familia. Es un lugar muy parecido a casa», comentó Ariane.

El cierre de las jornadas dejó un saldo de ovaciones y una profunda satisfacción en los jóvenes artistas. Angélica, integrante del ballet colombiano, resumió el sentir de los visitantes:

«Me llevo lo bonita que es la gente. El público es un amor, ha sido de los más lindos que hemos tenido».

La inauguración de este nuevo espacio cultural en La Quiaca no solo representa una mejora en la infraestructura urbana, sino un compromiso con la integración latinoamericana. A través de la danza, La Quiaca reafirmó su posición como una ciudad que, lejos de ser solo un punto de paso, es un escenario vivo donde la cultura «salva personas y nos hace mejores seres humanos».

La Quiaca se despidió de los visitantes entre trajes típicos y promesas de retorno, consolidando el mensaje de que el arte, efectivamente, no conoce fronteras.

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