Cada miércoles, el edificio municipal de La Quiaca cobra una dinámica particular: los pasillos se llenan de vecinos, referentes barriales, productores, profesionales y familias que esperan ser recibidos personalmente por el intendente Dante Velazquez. No hay intermediarios ni expedientes que se estancan; todo se apoya en la conversación directa y en la escucha activa.

Las audiencias públicas de los miércoles se consolidaron como una herramienta central para gobernar. Desde muy temprano y, en ocasiones, hasta la noche, el jefe comunal atiende uno por uno los planteos de la ciudadanía: dificultades con servicios, ideas para sus barrios, propuestas culturales y productivas, inquietudes sociales e incluso agradecimientos por trabajos ya finalizados. Un ámbito donde la gestión se construye desde la base, dejando atrás la lógica de una burocracia distante. En vez de que los pedidos queden atrapados entre oficinas, el intendente y su equipo registran cada caso, coordinan con las áreas pertinentes y brindan respuestas sin intermediaciones.

Este dispositivo también impulsa un trabajo más articulado dentro del municipio: en cada jornada participan funcionarios de distintas secretarías y direcciones, lo que permite resolver trámites, coordinar acciones y agilizar soluciones. Así, los vecinos ya no deben recorrer varias ventanillas; es el Estado el que se organiza para atenderlos en un mismo espacio.

Con el paso de los meses, el miércoles de audiencias se convirtió en un emblema:

  • de un municipio que mantiene sus puertas abiertas,
  • de un Estado que se hace presente en el territorio,
  • y de un vínculo basado en la confianza entre la comunidad y su gobierno local.

En un contexto donde la política suele ser mirada con recelo, la imagen que se repite cada semana en el municipio quiaqueño —sillas ocupadas, carpetas bajo el brazo, mates que circulan y vecinos avanzando hacia el despacho del intendente— demuestra que la democracia también se fortalece en la cercanía, cara a cara.

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