Tras un discurso de casi dos horas en el Hotel de Turismo, el intendente Dante Aníbal Velazquez ratificó el rumbo 2026 con una definición política contundente: “menos tierra, más asfalto”. Elevó el reclamo por la Ruta Nacional 9, defendió un Estado presente para las regiones postergadas y anunció que “la obra mayor de pavimento” en la historia de La Quiaca “está por llegar”.

La apertura del período ordinario de sesiones del Concejo Deliberante dejó una escena clara: La Quiaca no quiere administrar la periferia, quiere conducir su destino. Y ese mensaje se consolidó luego, en la entrevista realizada al intendente Dante Velazquez, apenas terminó su exposición en el salón del Hotel de Turismo. “Había que mostrar un balance concreto del 2025, el rumbo que hemos elegido… la posición donde nos encontramos acá, que es una posición privilegiada”, afirmó, remarcando que la ciudad tiene “palancas” que otros municipios no tienen y que deben convertirse en motor de desarrollo.

Velazquez reivindicó algo que viene trabajando desde 2024: la construcción de una diplomacia municipal para ampliar oportunidades. Recordó “firmando convenios de hermandad con muchos pueblos de Bolivia… Tupiza, Tarija, Potosí… Uyuni, hasta Iquique”, y explicó que ese recorrido fortaleció procesos estratégicos como la Zona Franca. En su lectura, La Quiaca dejó de esperar; empezó a tejer red.

En el eje urbano, el intendente fue a una frase que funciona como contrato social con el vecino: “Lo desafío ahora, más que nunca… cuando hice la primera entrevista… dije vamos a trabajar en ese concepto: menos tierra, más asfalto, y lo vamos a hacer”. Y lo completó con una definición de prioridades: “Este año va a ser un año completamente dedicado a eso, tenemos que resolver ese déficit y lo vamos a lograr”.

La entrevista también mostró un punto fuerte de conducción: gestión social con territorialidad real. “Acompañando a los más vulnerables, acompañando a los centros vecinales… no se podría haber hecho si no hubiese sido por la presencia de los centros vecinales, la interinstitucionalidad que viene trabajando”, dijo. En un contexto económico difícil, la política social que describe no se sostiene solo desde el escritorio: necesita red comunitaria.

Sin esconder dificultades, Velazquez se permitió un tono de realismo poco habitual: “Hay muchas cosas que corregir… somos humanos”. Pero ahí mismo reforzó la idea de dirección: “En la institucionalidad misma no vamos a ser torpes, porque queremos un crecimiento y un verdadero desarrollo local para toda nuestra comunidad”. Es un mensaje que combina autocrítica con firmeza, y eso, en política, suele sumar credibilidad.

En materia de obras, dejó anuncios con calendario. “Se inaugurará en los primeros días de abril el Complejo Cultural”, anticipó, y lo conectó directamente con el plan vial: “termino el complejo y empiezo con el asfalto”. También habló de intervenir sectores barriales con cronograma y formalidad institucional: “Acta compromiso, convenio ya rubricado ante escribano… para que se certifique… que las obras se van a hacer”. En un país saturado de promesas, la palabra “rubricado” no es detalle: es señal de ejecución.

La frase más fuerte de proyección urbana llegó sin rodeos: “La obra mayor de la historia de pavimento para la ciudad de La Quiaca… está por llegar”. Y, aún con un antecedente complicado, insistió con determinación: “A pesar de lo que nos ha pasado con la avenida León Gieco, nosotros vamos a resolver el problema definitivamente… la León Gieco va a ser una realidad… va a tener su pavimento articulado”. Allí agregó el valor social de la accesibilidad: no es solo estética; es escuela, conectividad, seguridad.

Uno de los tramos que más impacto genera en el ciudadano común es el de la transparencia. “Ha sido auditado el municipio… es una forma también de rendirle cuentas a la comunidad… dónde van a parar sus impuestos”, explicó. Detalló incluso el proceso: auditoría presencial, carpetas, documentación, rendición ante la autoridad. Ese pasaje busca consolidar una idea central: sin cuentas claras no hay obra grande.

Pero el momento político más contundente llegó cuando le preguntaron por el discurso del Presidente. Velazquez no se subió a la pelea: marcó límites institucionales. “No estoy de acuerdo con la falta de respeto en un recinto. Lo primero… es escucharnos entre todos y trabajar sobre las diferencias”. Y luego tomó distancia: “No concuerdo con muchas de las políticas… He pedido… es imposible resolver los problemas de tanta precariedad en esta zona”.

Ahí elevó el reclamo que hoy atraviesa a cada vecino que viaja, recibe visitas o pretende mover economía regional: la Ruta Nacional 9. “La Ruta 9 no se puede transitar… ¿sabe la cantidad de gente que ha reventado las cubiertas?”, dijo, mencionando incluso casos concretos de visitantes. No es queja: es diagnóstico de infraestructura crítica. Y remató con una tesis federal: “Tiene que haber un Estado más presente… con las regiones parecieran más olvidadas… Si vos decís de Ushuaia a La Quiaca cobra una importancia debida”.

En esa misma línea, Velazquez defendió el valor económico de la ciudad sin complejo: “Habrá que empezar a darle valor a lo que significa La Quiaca… el mundo ya está hablando de lo que significa La Quiaca… y vamos a animarnos a competir”. Y trazó una analogía que busca abrir imaginario: “Así nació la Zofri de Iquique… nació como algo chiquitito y hoy lo que es. Bueno, eso es lo que pretendemos para La Quiaca”. La frase instala una ambición legítima: competir regionalmente con herramientas modernas.

Finalmente, dejó un mensaje de gestión humana con foco en el trabajador municipal: habló de empleados “muy enfermos, con categorías muy bajas” próximos a jubilarse y preguntó, con crudeza: “¿Cuánto van a ganar? ¿dos pesos?”. Y cerró afirmando que ya tomaron decisiones al respecto. En esa frase hay algo más que administración: hay comprensión del drama silencioso de la precariedad.

La entrevista confirma lo que el discurso insinuó: Velazquez quiere que 2.026 sea un año de transformación visible, con dos símbolos centrales: pavimento y Ruta 9. En una ciudad que vive de frontera, comercio, turismo y futuro logístico, esas obras no son “obras”: son destino.

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