En un ambiente de alegría y tradición, el taller de danza folclórica se consolida como un espacio fundamental para el bienestar y la socialización de los mayores en nuestra comunidad.

El profesor Hugo Bejarano, encargado de llevar adelante esta propuesta, compartió su entusiasmo ante la excelente respuesta que ha tenido la convocatoria. Lo que comenzó como un taller es hoy un punto de encuentro donde el aprendizaje y la emoción se mezclan en cada compás.

Un aprendizaje que emociona

La propuesta no solo busca enseñar pasos de baile, sino fomentar un espacio de disfrute genuino. Según el profesor, los alumnos están trabajando de manera excepcional, logrando dominar ritmos y tiempos de forma progresiva.

«Están disfrutando, que es lo más importante. Trabajando de una manera progresiva, jugando y divirtiéndose, la propuesta está cumpliendo su objetivo», destacó Hugo durante la entrevista.

Uno de los puntos clave de la nota fue el pedido especial para que los hombres de la comunidad se animen a participar. El profesor hizo hincapié en que no se necesita experiencia previa, solo ganas de aprender y compartir.

«Hace falta los gauchos, los bailarines, los zamberos y malamberos», señaló Luis, animando a los varones a dejar de lado la vergüenza y acercarse a despejarse y trabajar el cuerpo a través del movimiento.

El objetivo central del taller trasciende la danza; se trata de una oportunidad para combatir el sedentarismo y la soledad. Es un espacio recreativo para conocer gente nueva, involucrarse con nuestra música y, sobre todo, entender que siempre se está a tiempo para seguir aprendiendo.

La invitación queda abierta: con los brazos grandes y el corazón abierto, el equipo de profesores espera a todos aquellos que quieran sumar un poco de arte y alegría a sus mañanas o tardes. ¡A bailar se ha dicho!

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