En una emotiva charla, el arquitecto Miguel Alaví descendiente de pioneros sirios visitó la ciudad fronteriza para recorrer las obras del nuevo complejo cultural y recordar los años dorados de una urbe que nació para ser el nexo entre naciones.

«Mi corazón está en La Quiaca», afirma con voz pausada pero firme Miguel Alaví. Arquitecto de profesión y residente actual en Jujuy, Alaví no es un visitante cualquiera; su nombre carga con la historia de su padre y el legado de su abuelo, un inmigrante sirio que eligió estas tierras altas por su asombroso parecido con los paisajes de Alepo y Damasco.

​Su regreso a la ciudad no es solo un viaje de nostalgia, sino una inspección técnica y emocional del paso gigante que la ciudad está dando hacia el futuro: la construcción de un moderno edificio multiuso que albergará un restaurante, cine y teatro.

Calidad arquitectónica para la frontera

​Alaví se mostró gratamente sorprendido por la envergadura del nuevo complejo cultural. «La calidad de los materiales y del diseño es de muy buen nivel», destacó el arquitecto, felicitando la gestión del actual Intendente por concretar una obra que, según sus palabras.

Para el profesional, este espacio no es solo cemento y ladrillos, sino un escenario necesario para que los artistas puneños y las actividades sociales tengan un lugar de expresión digno en una ciudad que crece a pasos agigantados.

Retazos de una historia centenaria

Durante la entrevista, Alaví recordó los hitos que forjaron la identidad quiaqueña:

Fundación y Auge: Relató cómo en 1870 un grupo de vecinos de Humahuaca se asentó en este punto estratégico, antes un simple paraje de paso en las rutas del Alto Perú, para fundar lo que hoy es una ciudad comercial y minera clave.

La Inmigración Siria: Su abuelo llegó solo desde una Siria azotada por la guerra, para luego traer a su familia. «Se enamoró de La Quiaca. Sabía valorar lo que la tierra tenía», recordó con emoción frente al lugar donde descansan sus restos.

Anécdotas de Carnaval: Con humor, recordó las épocas del Club Juvenilia, donde los jóvenes de ambos lados de la frontera se reunían a bailar bajo la estricta (y a veces ruda) vigilancia de «los gendarmes» que, cinto en mano, obligaban a todos a copar la pista de baile.

El Mundial del 86: El grito en la alturaAl ser consultado sobre cómo se vivió la gesta de Maradona en el 86, Alaví evocó la importancia de Radio Nacional y la labor de directores como Luis Araya. «En esa época no era fácil hacer funcionar una radio aquí. No recuerdo si ya había llegado la TV a color, pero la pasión era total. El Club Libertad y el Atlético se olvidaron de sus diferencias y todos salieron a las calles. Incluso los hermanos bolivianos se sumaban al festejo; siempre han sido afines al fútbol argentino».

​Un mensaje de esperanza

​Antes de despedirse, Miguel Alaví dejó un mensaje para los habitantes en este 119° aniversario de la ciudad (tomando como referencia la fecha institucional): «Sigan adelante. La Quiaca se merece estos pasos. Es una zona con una riqueza mineral, animal y paisajística única que todos los argentinos deberían venir a conocer».

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