En la Plaza Centenario se realizó la última jornada de izamiento del pabellón nacional previa al 119° aniversario de La Quiaca, que se celebrará mañana. Ex combatientes de Malvinas y vecinos participaron de un acto cargado de emoción, orgullo y sentido de pertenencia, reafirmando el rol de la ciudad como frontera viva y puerta norte de la Patria.

La Quiaca vivió este viernes la última jornada del izamiento de la Bandera Nacional en Plaza Centenario, en la previa inmediata del 119° aniversario de la ciudad, que se conmemorará mañana. Fue un acto simple en forma, pero enorme en contenido, porque en La Quiaca la patria no es un discurso: es una práctica cotidiana, una vigilia de soberanía sostenida por su gente, día tras día, en el límite norte del país.

Con el mástil como testigo —y el viento de altura como aliado— la bandera volvió a subir con esa solemnidad que solo se entiende en los territorios que defienden presencia, que sostienen comunidad y que no negocian identidad. La Quiaca, apostada en frontera, ejerce soberanía no solo desde el Estado, sino desde la decisión diaria de sus ciudadanos: trabajar, producir, educar, cuidar y permanecer.
Malvinas presente, emoción intacta
Entre los participantes se destacaron los ex combatientes de Malvinas Daniel Burgos —quien además representó a ARCA / Aduana— y Andrés Gerónimo. Ambos compartieron un momento de profunda emoción y agradecieron especialmente ser tomados en cuenta e incluidos en una ceremonia que reafirma valores fundacionales: patria, compromiso, memoria y servicio.


La presencia de los veteranos resignificó el izamiento: Malvinas no es una fecha, es una causa; y en una ciudad frontera, esa causa se siente con una claridad particular. La soberanía se honra con símbolos, pero se sostiene con acciones.
Una visita desde la Patagonia: La Quiaca también abraza
El acto también contó con la participación de Karina de la Vega, quien llegó desde la Patagonia y eligió visitar y pernoctar en la ciudad, sumándose a la ceremonia con respeto y emoción. En La Quiaca, cada visitante que se integra a estos gestos comunitarios entiende rápido que aquí late una Argentina intensa: la que se mira a sí misma, se reconoce y se promete futuro.

A horas del aniversario, el izamiento final en Plaza Centenario dejó un mensaje nítido: La Quiaca no espera la historia, la protagoniza. Con bandera en alto y pueblo en pie, la puerta norte del país se prepara para celebrar lo que es: una ciudad heroica, estratégica y profundamente argentina.



























