En la cuenta regresiva para la inauguración del Complejo Cultural Manka Fiesta, prevista para este viernes 24, la ciudad fronteriza ha sido protagonista de un acto de profundo compromiso con la identidad local. El profesor y escritor Mario Fidel Tolaba, en representación de su familia, hizo entrega de una valiosa colección de objetos arqueológicos y tradicionales que pertenecieron a doña Benita Domitila Liquitay de Sivila, figura emblemática del barrio Sarmiento.

La donación no solo destaca por la antigüedad de las piezas algunas con más de 80 años sino por la rigurosa documentación que las acompaña, permitiendo un viaje directo a las raíces de la cultura andina.

Un ajuar que narra la vida cotidiana

El corazón de la entrega consiste en un ajuar de ollas, un conjunto que originalmente podía alcanzar las 30 piezas. Según las etiquetas descriptivas elaboradas por la familia, estas vasijas de barro cocido cumplían funciones vitales en rituales y festividades.

Casamientos y chujcharrutus en celebraciones familiares donde la comida comunitaria es el eje.Tinajas porosas para la fermentación de la chicha, cuya textura permitía una oxigenación especial del líquido.Ollas utilizadas para la tradicional tijtincha cada primero de agosto.

Varias piezas conservan en sus asas o cuellos pequeñas marcas modeladas; son las ‘firmas’ de las olleras, un registro artesanal que nos habla de la autoría y el oficio de antaño», explicó el profesor Tolaba durante la entrega.

Tesoros con nombre propio

La colección rescata una terminología que sobrevive en lenguas kunza, aymara y quichua, nombrando objetos que el público podrá apreciar en detalle:

🔸Yuro y Cántaro: Para el transporte de agua.

🔸Virque y Tinaja: Para el almacenamiento a gran escala.

🔸Puco, Chúa y Tiesto: Elementos de vajilla y cocción.

Entre los objetos más emotivos se encuentra una petaca de cuero, testigo de las migraciones temporales hacia los ingenios azucareros, y una canasta de mimbre con la que doña Benita trasladaba empanadas y pasteles con queso para su venta, símbolos del trabajo y el esfuerzo de la mujer Quiaqueña.

Hacia un museo de la memoria colectiva

Desde el municipio celebraron este aporte, señalando que el nuevo Complejo Cultural ya se perfila como un museo vivo. El espacio no solo albergará estas piezas de barro, sino también colecciones de radios antiguas, tocadiscos y libros que los vecinos han comenzado a donar espontáneamente.

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