En el marco de la Manka Fiesta, Mario Fidel Tolaba destacó el valor fundamental de la copla como un pilar de la identidad andina y un verdadero reservorio cultural de los pueblos de la Puna. Durante la jornada de «copleritos», el docente resaltó la emotiva participación de las infancias y el trabajo articulado entre maestros, directivos y familias para recuperar, valorizar y transmitir de generación en generación esta expresión artística ancestral. Esta labor comunitaria permite que los más pequeños hagan sus primeras incursiones en el canto con caja, afianzando el sentido de pertenencia desde las aulas y el hogar.

Asimismo, Tolaba enfatizó la importancia de los espacios formativos y congresos desarrollados en la provincia para fortalecer el traspaso del conocimiento oral. Mencionó de manera especial la participación de Elsa Tapia, una de las copleras más representativas de Jujuy, quien dictó talleres y cursos dirigidos tanto a estudiantes como a educadores. Estas instancias de aprendizaje técnico y vivencial aportan a la preservación del valor cultural de las tonadas, garantizando que el legado no pierda su autenticidad ni su riqueza lírica ante los cambios generacionales.

Un hito de trascendencia histórica destacado durante el encuentro es el avance en las gestiones institucionales para que la copla sea reconocida como Patrimonio Intangible de la Humanidad. Este proceso, iniciado formalmente a partir de los congresos temáticos realizados en el mes de agosto del año pasado y del corriente año, busca dar marco de protección global a una manifestación que constituye el relato vivo de las comunidades andinas. La iniciativa representa un justo reconocimiento a siglos de tradición oral preservada en la Puna.

En su análisis sobre la versatilidad del género, Tolaba explicó que la copla transmite de manera integral el sentir, el pensar y la vida misma del habitante puneño a través de sus diversas formas y modulaciones. Desde las coplas de amor, dolor y lamento hasta las populares expresiones picarescas y el contrapunto, la temática abarca todas las dimensiones de la cotidianeidad: la naturaleza, la gastronomía, las labores del campo e incluso las travesuras y vivencias de la juventud. Esta diversidad de letras y tonadas, que se adapta a las distintas épocas del año, demuestra que se trata de una manifestación dinámica y siempre vigente.

Finalmente, la presencia viva del canto con caja en un escenario emblemático como la Manka Fiesta reafirma el valor de la oralidad y la continuidad intergeneracional en la ciudad de La Quiaca y la región. El docente expresó su profunda emoción al ver a padres y abuelos presenciar el canto de sus niños, extendiendo una calurosa felicitación a las escuelas participantes y a toda la comunidad educativa. De este modo, la Manka Fiesta se consolida no solo como un espacio de intercambio comercial, sino como el escenario donde el corazón de la cultura andina sigue latiendo con fuerza.

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