Niños y niñas de 7 y 8 años participaron de una experiencia lúdica y educativa

En el marco de las actividades de la colonia de vacaciones, se desarrolló un taller de cocina destinado a niños y niñas de 7 y 8 años, donde los participantes se convirtieron en verdaderos pequeños chefs, combinando aprendizaje, juego y creatividad. La propuesta tuvo como desafío principal la elaboración de una chocotorta, una receta sencilla que permitió a los chicos experimentar con ingredientes y procesos de manera didáctica y entretenida.

La actividad estuvo coordinada por el profesor Marcelo Tejerina, quien destacó el entusiasmo con el que los niños se involucraron en cada etapa de la preparación. Durante el taller, los pequeños trabajaron con crema de leche, dulce de leche, queso crema y galletitas de chocolate, observando cómo los ingredientes se mezclaban y cambiaban de color y textura, despertando su curiosidad y creatividad.

Aprender haciendo: cocina, juego y trabajo en equipo

“El entusiasmo de los chicos es muy grande, se los ve contentos y concentrados”, señaló Tejerina, quien remarcó que el taller de cocina no solo apunta a la elaboración de una receta, sino también al desarrollo de habilidades como el trabajo en equipo, la paciencia y la motricidad fina. A lo largo de la jornada, los niños fueron mezclando los ingredientes paso a paso, aprendiendo de manera práctica y divertida.

El profesor también valoró el acompañamiento de las familias, ya que la mayoría de los niños asistió con sus ingredientes, lo que permitió una participación activa y colaborativa. Desde la organización, además, se dispuso de insumos adicionales para garantizar que todos pudieran realizar su preparación sin inconvenientes.

Una experiencia para compartir en familia

Según se explicó, la chocotorta elaborada durante el taller no se consume en el momento, sino que los niños la llevan a sus hogares para compartirla en familia. Posteriormente, en otra instancia de la colonia, cada participante aporta algo a la canasta común para compartir entre todos, fortaleciendo así los valores de compañerismo y solidaridad.

Este tipo de propuestas forman parte de una agenda de actividades recreativas y educativas pensadas para que los niños disfruten del receso de verano, aprendiendo a través del juego y viviendo experiencias que promueven la creatividad, la participación y el disfrute colectivo.

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