En el marco del encuentro de adoraciones organizado por la Municipalidad de La Quiaca en Plaza Centenario , la familia Tolaba relató cómo mantienen viva una costumbre que nació en las Mina El Aguilar y que hoy resiste el paso del tiempo en el barrio San Salvador.

El sonido de las quenas y el color de los ponchos transformaron la mañana en la Plaza Centenario. Entre el fervor de los fieles, destaca el Pesebre Familiar «Estrella de Belén», una institución de la fe Quiaqueña que este año celebra tres décadas de vida, aunque sus raíces se hunden profundamente en la historia minera de la región.

Yolanda Tolaba, referente de la adoración, conversó sobre el legado de su familia. «Somos originarios de Mina Aguilar. Mi padre era minero y hace más de 50 años nos trasladamos aquí, pero trajimos al Niño con nosotros para continuar nuestra cultura», explicó. La vestimenta de los adoradores, el uso distintivo del poncho, es un homenaje directo a la Parroquia Santa Bárbara de El Aguilar, donde nació esta devoción.

Un legado que resiste

​A pesar de la alegría del encuentro, Yolanda expresó su preocupación por la disminución de estas prácticas en la ciudad. «En otras regiones de la Puna hay muchos pesebres; aquí en La Quiaca solo quedamos tres o cuatro», lamentó, comparando la importancia de proteger las adoraciones con el mismo ímpetu con que se vive el carnaval.

El «Estrella de Belén» no es solo un pesebre, sino una organización comunitaria que involucra a 20 niños y un equipo familiar que se divide tareas de cocina, música y coordinación.

Una invitación a la comunidad

​La actividad del niño Jesús no se limita a la Navidad. La familia realiza la novena en diferentes sectores como el barrio Ruta 5 y barrio Salta, además de las tradicionales «posadas», donde las familias locales se inscriben con un año de antelación para recibir la imagen en sus hogares.

​Al finalizar, Tolaba hizo un llamado a la conciencia vial y al respeto ciudadano: «Pedimos que nos respeten en las calles, así como se respeta a las comparsas en carnaval. El otro día casi sufrimos un accidente. Es una adoración y los chicos necesitan circular seguros».

​El encuentro en Plaza Centenario reafirma que, mientras haya familias como los Tolaba, la fe y la identidad minera seguirán latiendo en el corazón de la Puna.

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